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05/09/2010
El mensaje.
Publicado en: Los Tiempos, Correo del Sur e Internet
La gran ventaja, cuando se trata de Evo Morales, es que no usa claves. Es directo.
En sus definiciones no hay especulaciones teóricas -cuando pretende hacerlas es lamentable-, es rudo y contundente. En su momento, y para evitar sorpresas posteriores, explicó claramente la base doctrinal de su gobierno: "a mí no me importa si es legal o es ilegal. ¡yo le meto nomás!"
Y, la verdad, es que le mete nomás. La expropiación, reversión nacionalización -aquí la semántica importa un bledo- de la parte de SOBOCE, la empresa de Samuel Doria Medina, en la fábrica de cemento en Sucre, es una demostración y es un mensaje. Primero, por el modo: basta un decreto y se termina el rollo. En Evo Morales, la afirmación de su poder personal es una constante y un disfrute. Hacer saber que él es el que manda y que nadie le discute, ser él mismo el portador de sus medidas y el heraldo de sus propias noticias, es un placer aparte que los caudillos disfrutan con especial deleite.
Segundo, es la reiteración de la demagogia en su sentido más burdo: hacer creer que la medida de expropiación está pensada para beneficiar al pueblo. Es cierto que habrá beneficiarios: los militantes del partido de gobierno que ya deben estar disputando a codazos la posibilidad de entrar a las planillas -que aumentarán, sin duda- en la parte de la fábrica convertida en nueva agencia gubernamental de empleo. De ahí a que "el pueblo" sea el beneficiario, hay trecho y largo.
Tercero: explicar la acción gubernamental como una acción política de castigo contra Samuel Doria Medina es sencillamente un acto de simplificación. De hecho, Doria Medina no ha sido un opositor a Evo Morales y menos un competidor: es impopular y su desempeño en la última elección presidencial fue, por lo menos, deplorable.
La explicación va por otros rumbos: el mensaje que acaba de enviar Evo Morales es el aviso de la ausencia de límites. "Pacman", el bichito devorador, acaba de avisar que tiene otros antojos. Todos los discursos pretendidamente tranquilizadores sobre el "respeto a la propiedad privada" se acaban de ir al divino carajo. Y para demostrarlo, se elige una empresa eficiente, bien gestionada, en constante crecimiento, con socios internacionales y con permanente inversión dentro del país.
Porque, a diferencia de la política, a nadie se le ocurre cuestionar la capacidad emprendedora de Doria Medina y su posición como uno de los símbolos de éxito empresarial. Se elige a su empresa porque el mensaje no es personal: va a todos los empresarios. A partir de ahora, con pretextos o sin ellos, con justificaciones legales o no -"para eso están los abogados", como dijo Evo-, todos están en la mira.
Mala cosa para todos aquellos empresarios que creían que calculando sus pasos, coqueteando con el gobierno, ofreciendo reuniones y recepciones a sus personeros, limpiando sus medios de comunicación de personajes problemáticos, habían resuelto el futuro de sus negocios.
Y es que cuando el proyecto político es el del poder total, no hay cálculo que valga. Todo está hecho para que las leyes, las investigaciones y las sentencias sirvan a ese proyecto. Se puede gritar y patalear -aunque cada vez sean menos los que gritan y patalean-, pero no se puede discutir la voluntad del poderoso. Y menos si el poder se sintetiza en la voluntad del caudillo. Él es único que abre y cierra puertas. La que acaba de abrir, la posibilidad de atacar la propiedad privada, es grande pero es terrible. Conduce al precipicio: ¡que le pregunte a su amigo Fidel!
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29/08/2010
Esa maldita…
Publicado en: Los Tiempos, Correo del Sur e Internet
Cristina Fernández de Kirchner, Presidenta de Argentina, la detesta de un modo visceral. Néstor Kirchner, cónyuge, co-presidente, socio en los negocios con Venezuela, empresario multiplicador de fortuna al amparo del poder, aspirante a Presidente de Argentina, comparte el odio a esa maldita. Y los dos tienen razón. Si no fuera por ella, cuántas cosas no se hubieran sabido.
Hugo Chávez le tiene rabia. La combate con todo lo que puede y no oculta su rencor cuando la mira. Le resulta imposible convivir con ella. Evo Morales la detesta y en su gobierno se ha tratado de eliminarla. De hecho, en la televisión, lo ha conseguido. Lo que queda de ella se desliza como puede entre página y página. Para acabar con ella, ha contado con la colaboración de más de un empresario miedoso que fue convencido de que ella, la maldita, es muy mala compañía. Que acarrea peligros y que es mejor que no la vean con ellos. Miedo que comparte más de un Director que ha elegido una compañía más grata y menos peligrosa: la prudencia.
Fidel optó por la solución más radical: la asesinó… ¡eso cree! Él no anda con vueltas y asumió rápidamente que su presencia en Cuba era un obstáculo para los grandes logros de su revolución socialista. La condenó a muerte, la ejecutó y, a pesar de haberla rematado varias veces, se inflama de ira cuando esa maldita intenta resucitar y lanza unas miradas como si estuviera viva.
Y hay que ocuparse de la maldita, porque Cristina Fernández de Kirchner, quiere matarla, por lo menos herirla, ponerla en dificultades. Ella, la maldita, sigue siendo un problema para la permanencia indefinida en el poder de la nueva versión conyugal del peronismo, ya que no es la primera. Ellos, los Kirchner, siempre que tienen dificultades, se olvidan de la ética -si alguna vez la conocieron- y acuden a todo, absolutamente a todo. Juegan con la memoria, utilizan a los muertos, se apropian del dolor de años de infamia represiva, inventan, preparan croquetas de mentiras con restos de verdades sucias, manipulan testimonios y utilizan los nombres que les conviene. Hoy tienen en la mira a tres protectores de la maldita: Clarín, La Nación y La Razón. Cuánta rabia les tienen y hay que ver todo lo que han hecho para ponerles todas las dificultades posibles. Hay que hacer que bajen esa bandera maldita: la opinión. No hay cabeza totalitaria que la tolere. Porque esa señora, la opinión, tiene una experiencia incomparable de supervivencia en las peores condiciones. Como no tiene una forma corpórea definida, como sus perfiles se van adecuando a las dificultades que encuentra, es difícil matarla. Se mete por las rendijas, siempre llega a lugares donde no la quieren, es terriblemente intrusa.
Hoy, pobre Cristina, está convencida de que el refugio de la maldita es el papel. Tiene razón en algo que Clarín recordaba en su editorial de denuncia: “La palabra impresa sigue siendo la versión más perdurable del sentido de la libertad y de la crítica”. Pero no sabe que la opinión traspasa el papel. Tan no lo sabe, que con ese aire autoritario combinado con un toque de femme fatale, siempre rodeada de sonrientes y arrobados aplaudidores, ha logrado que el mundo la esté mirando como a una de las enemigas de la libertad de expresión.
Cristina Fernández de Kirchner no sabe la enemiga que tiene. Es maldita en serio, es más vieja, tiene más experiencia, nadie la ha podido eliminar definitivamente, termina sobreviviendo a todo, ha vencido a sus más feroces enemigos… ¡maldita opinión!
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24/01/2004
La voz de la élite Boliviana
Publicado en: El Sabado (Revista del Diario el Mercurio)
REPORTAJE EN LA PAZ:
LA VOZ DE LA ÉLITE BOLIVIANA
Viajamos a una lluviosa La Paz. A recoger opiniones. A saber qué piensa la élite altiplánica sobre la reivindicación marítima que irrumpió en la agenda bilateral. A auscultar qué tan profundo es el deseo de acceder al mar, más allá de populismos y demagogias. Armamos el puzzle con un empresario, un economista, un historiador, un ex Canciller y un influyente comentarista de TV.
POR XIMENA PÉREZ VILLAMIL
FOTOS: JUAN FRANCISCO SOMALO
CAYETANO LLOBET, abogado y comentarista de TV
"Bolivia es poco seria"
Profesión: Abogado de la Universidad San Francisco Javier de Sucre y politólogo de Lovaina. Desde 1991 se dedica al periodismo de televisión.
Cargos: Electo diputado por el Partido Socialista en 1980, no asumió por el golpe de Estado de Luis García Meza. Ese día estaba en la Central Obrera Boliviana y vio cómo le disparaban a su amigo y fundador del PS, Marcelo Quiroga Santa Cruz, quien murió a raíz de los impactos. Fue detenido, torturado y salió exiliado a México. En 1989 postuló a la alcaldía de Sucre, apoyado por el MNR, siendo elegido concejal. Relación con Chile: Vivió en nuestro país entre 1971 y 1973 como exiliado del gobierno de Hugo Bánzer. Trabajó en Flacso y a raíz del golpe de Estado se trasladó a México. Como director del centro de estudios latinoamericanos de la UNAM conoció a José Miguel Insulza y Clodomiro Almeyda y Pedro Vuskovic, con quien escribió un libro sobre el golpe chileno. Su segunda mujer estaba casada con un chileno.
Es el comentarista más influyente de la televisión boliviana. Carismático, franco y, por cierto, atípico en una Bolivia mayoritariamente quejumbrosa, que mira más hacia el pasado que hacia el futuro. A diario aparece en el noticiero de PAT, el canal fundado hace 13 años por el actual Presidente Carlos Mesa, que no es el de mayor rating, pero sí el que genera más opinión. Cayetano Llobet reemplazó a Mesa, quien -aunque de profesión historiador -era el periodista más popular de su país antes de dedicarse a la política. El noticiero central, que va de ocho a nueve de la noche, cuenta con un conductora que lee las noticias y él comenta las más importantes con un estilo suelto y agudo.
Nos recibe en su casa, ubicada en Auquisamaña, el barrio más elegante de La Paz junto
con Calacoto. Afuera hay estacionados un BMW, un jeep y un modelo japonés. Bromeamos con lo bien pagado que es el periodismo. Llobet, que evolucionó del maoísmo a la economía de libre mercado, se ríe. Gracias a un guardia damos con su dirección, ya que los números, al menos en su calle, no son correlativos. El 7 está al lado del 52, por ejemplo. "Yo he sido objeto de reproches muy fuertes", nos advierte de entrada. Debe ser el único periodista -no titulado, porque estudió derecho y politología- que estuvo a favor de exportar el gas por el puerto chileno de Patillos. "Ni Quiroga ni Sánchez de Lozada tuvieron los pantalones para enfrentar el tema. El gas salía por Chile o no salía. La carta peruana era una carta falsa", afirma sentado en el comedor de su casa que evoca la arquitectura de Fernando Castillo Velasco.
Siente que su país perdió por partida doble: el negocio que iba a duplicar las exportaciones, que ascienden a 1.200 millones de dólares, y una zona económica exclusiva para Bolivia en Patillos. El referéndum convocado para el 28 de marzo le parece una broma, porque ya no hay nada que decidir. La empresa norteamericana, interesada en el gas del oriente boliviano, llegó a un acuerdo con Indonesia.
"En el siglo 21, para mí, la salida al mar se llama economía. Entiendo que estoy a contrapelo con la gente que dice que salida al mar es soberanía. ¿Usted cree que a mí me rompe el corazón ver a Jaime Paz Zamora mojándose los tobillos en Ilo? ¿Qué resolvió? Bolivia puede hacer lo que quiera en Ilo, pero no hay nada que hacer. Ilo no es un puerto serio", afirma con una sonrisa maliciosa.
Pragmático, opina que el norte de Chile, el sur de Perú y el oeste de Bolivia -zonas pobres, las tres- "debieran sentarse a charlar y ver la forma de salir de la depresión". Cayetano va disparando ideas mientras bebe pequeños tragos de vino con agua. Es el turno de la Cumbre de Monterrey: un retroceso considerable para Bolivia, porque Chile endureció su posición. El próximo dardo va para nuestra política exterior: "Sigo sin entender cómo Chile, que tiene una de las cancillerías más frías y con mayor doctrina de Estado junto a la de Brasil, cayó con una inocencia, con un candor extraordinario y a partir de las declaraciones de un payaso como Chávez. Y puede ponerlo así, un payaso con aires de predicador. Fingiendo amor a Bolivia -porque él está defendiendo su ubicación hemisférica- el Gobierno de Chile termina discutiendo con un Presidente Lagos enojado en Monterrey. En octubre (cuando Sánchez de Lozada cayó en medio de revueltas populares) nos miraban diciendo "una vez más andan jodiendo".... Y ahora resulta que Bolivia se volvió preocupación nacional".
Ironiza con la actitud triunfante de sus compatriotas. "En este momento, el país está convencido que ha avanzado horrores, qué bárbaro este mes, estamos quitándonos los zapatos para entrar a la playa". Pero ve con preocupación las diferencias: "Políticamente el antichilenismo es muy rentable en Bolivia, pero en Chile el menosprecio a lo boliviano también es muy rentable". El lo vivió. Cuando llegó exiliado durante la UP, a trabajar en Flacso con Ricardo Lagos como jefe y a quien entrevistó el año pasado, "la primera recomendación de la corredora de propiedades fue "diga que es funcionario internacional, no diga que es boliviano". A mí me han tratado muy bien en Chile, pero tengo conciencia absoluta de lo que sienten hacia nosotros".
Otro ejemplo que cita es el reportaje de Canal 13 en Bolivia, una muestra de lo que él llama "una caricatura del peor periodismo que se puede hacer, donde lo importante es lo exótico, la cholita, el indiecito, porque Chile es el país blanco de Sudamérica, donde se dice que en Bolivia tienen que amarrarse los celulares para que no se los roben". Ocurre que en las calles de La Paz abundan los vendedores de minutos por celular y los dueños llevan el aparato amarrado a sus muñecas.
Prosigue: "A pesar del cuidado que ha tenido la cancillería chilena, doña Soledad Alvear dice hay que tener paciencia con este país poco serio".
-¿Y no es poco serio un país que se farrea la oportunidad de exportar gas, termina derrocando a un presidente y le echa la culpa a Chile de todos sus males?
-¿Quiere que le diga una cosa? Es poco serio. Pero una cosa es que lo diga yo y otra que lo diga la ministra de Relaciones Exteriores de Chile. Estoy asumiendo, y quiero decirle con la mayor franqueza a El Mercurio, que Bolivia es poco seria. No entendemos cuáles son los caminos de la modernidad, no sabemos lo que hay que hacer en economía para que este país despegue de una vez por todas. Bolivia no ha logrado consolidarse como estado nacional. Se nos cae un puente en Santa Cruz y el país queda desconectado".
Le molesta cómo en su país se hace política a costa de causas emocionales. "Una vez que se acabe el mar van a ser los impuestos a los hidrocarburos. Y después aparecerán otros temas retóricos". Se toma la cabeza cuando ve que Chile levanta a Evo Morales, el líder cocalero que no vino al seminario de Océana, "porque ha dicho que va a haber una confrontación bélica, el disparate mayor de los últimos años". Pide que, por favor, no le hagan el juego "a un marketing sostenido por ONG" y se extraña por la provincianización de nuestro país. "Yo no había conocido un Chile así. Evo no tiene proporción con lo que es Chile y su institucionalidad".
-Bolivia perdió guerras con Brasil y Paraguay y al único país que le exige reivindicaciones es a Chile.
-El boliviano, frente al país que se ha sentido más humillado, es con Chile. Hay una frase común en Bolivia: para que el chileno te trate bien tienes que parecer argentino. El diario La Razón tituló Lagos soberbio. Alguien me preguntó ¿estás de acuerdo? Y yo respondí ¿por qué un presidente no puede ser soberbio si representa a un país? Los bolivianos vivimos del complejo.
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