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29/08/2010 Esa maldita…
Publicado en: Los Tiempos, Correo del Sur e Internet

Cristina Fernández de Kirchner, Presidenta de Argentina, la detesta de un modo visceral. Néstor Kirchner, cónyuge, co-presidente, socio en los negocios con Venezuela, empresario multiplicador de fortuna al amparo del poder, aspirante a Presidente de Argentina, comparte el odio a esa maldita. Y los dos tienen razón. Si no fuera por ella, cuántas cosas no se hubieran sabido.
Hugo Chávez le tiene rabia. La combate con todo lo que puede y no oculta su rencor cuando la mira. Le resulta imposible convivir con ella. Evo Morales la detesta y en su gobierno se ha tratado de eliminarla. De hecho, en la televisión, lo ha conseguido. Lo que queda de ella se desliza como puede entre página y página. Para acabar con ella, ha contado con la colaboración de más de un empresario miedoso que fue convencido de que ella, la maldita, es muy mala compañía. Que acarrea peligros y que es mejor que no la vean con ellos. Miedo que comparte más de un Director que ha elegido una compañía más grata y menos peligrosa: la prudencia.
Fidel optó por la solución más radical: la asesinó… ¡eso cree! Él no anda con vueltas y asumió rápidamente que su presencia en Cuba era un obstáculo para los grandes logros de su revolución socialista. La condenó a muerte, la ejecutó y, a pesar de haberla rematado varias veces, se inflama de ira cuando esa maldita intenta resucitar y lanza unas miradas como si estuviera viva.
Y hay que ocuparse de la maldita, porque Cristina Fernández de Kirchner, quiere matarla, por lo menos herirla, ponerla en dificultades. Ella, la maldita, sigue siendo un problema para la permanencia indefinida en el poder de la nueva versión conyugal del peronismo, ya que no es la primera. Ellos, los Kirchner, siempre que tienen dificultades, se olvidan de la ética -si alguna vez la conocieron- y acuden a todo, absolutamente a todo. Juegan con la memoria, utilizan a los muertos, se apropian del dolor de años de infamia represiva, inventan, preparan croquetas de mentiras con restos de verdades sucias, manipulan testimonios y utilizan los nombres que les conviene. Hoy tienen en la mira a tres protectores de la maldita: Clarín, La Nación y La Razón. Cuánta rabia les tienen y hay que ver todo lo que han hecho para ponerles todas las dificultades posibles. Hay que hacer que bajen esa bandera maldita: la opinión. No hay cabeza totalitaria que la tolere. Porque esa señora, la opinión, tiene una experiencia incomparable de supervivencia en las peores condiciones. Como no tiene una forma corpórea definida, como sus perfiles se van adecuando a las dificultades que encuentra, es difícil matarla. Se mete por las rendijas, siempre llega a lugares donde no la quieren, es terriblemente intrusa.
Hoy, pobre Cristina, está convencida de que el refugio de la maldita es el papel. Tiene razón en algo que Clarín recordaba en su editorial de denuncia: “La palabra impresa sigue siendo la versión más perdurable del sentido de la libertad y de la crítica”. Pero no sabe que la opinión traspasa el papel. Tan no lo sabe, que con ese aire autoritario combinado con un toque de femme fatale, siempre rodeada de sonrientes y arrobados aplaudidores, ha logrado que el mundo la esté mirando como a una de las enemigas de la libertad de expresión.
Cristina Fernández de Kirchner no sabe la enemiga que tiene. Es maldita en serio, es más vieja, tiene más experiencia, nadie la ha podido eliminar definitivamente, termina sobreviviendo a todo, ha vencido a sus más feroces enemigos… ¡maldita opinión!


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22/08/2010 ¡Pacman…!
Publicado en: Los Tiempos, Correo del Sur e Internet

Era el bichito tenebroso de uno de los primeros juegos electrónicos. Casi redondo, sin llegar a serlo por esa enorme boca desproporcionada dispuesta a comer todo lo que encontrara a su paso. Su velocidad al devorar era el símbolo de una necesidad urgente de terminar con todo lo antes posible, acabar con todos sus obstáculos y consagrarse ganador absoluto. Hoy, lo más parecido a Pacman es el gobierno de Evo Morales.
En el laberinto -político, no electrónico- de Bolivia, existía una enorme cantidad de dificultades para que Evo lograra su consagración como rey del juego: el poder total. Su primer intento, el más pensado, el más reflexionado, el que aparentemente estaba dotado de mayor legitimidad, la Asamblea Constituyente , resultó el más rotundo de los fracasos. Sucre y su rebelión por la capitalía, le aguaron la fiesta y el intento de crear la “nueva institucionalidad” soñada para el ejercicio sin límites del poder terminó en una caricatura cuartelaria y la imagen de constituyentes y policías escapando de la capital. Pero Pacman es implacable y aplicó la más sabia de las reglas totalitarias: “cuando no puedes cambiar las reglas del juego… cambia el juego”. Tuvo su nueva Constitución parida en “mesa clandestina” en rincones del Congreso. Tuvo su referéndum revocatorio arrancado a Rubén Costas, Gobernador, con el acta de deserción del pacto regional y de la capitulación de Santa Cruz.
Tuvo las elecciones que quería y la mayoría deseada en su nueva Asamblea Legislativa Plurinacional. Con velocidad satelital logró que las órdenes de Palacio se convirtieran en leyes, sin discusión, sin debate, sin observaciones, con el único adorno de una supuesta oposición condenada a escuchar su propio cacareo, carente de imaginación, castrada de iniciativa política.
Dejó en el camino a sus propios amigos: el primero que abría la boca en contra del monstruo comelón era devorado: ya no existía en el juego. Se abrieron, además, en el tablero, pequeñas celdas: alguna ya estaba ocupada y nadie, en el juego podía ocuparse más del ocupante. Las otras celdas quedaban abiertas, por si acaso, a disposición de Pacman. Los muñequitos miedosos (el juego está repleto de ellos) tenían que hacerse a un lado y agachar la cabeza cuando pasaba el devorador.
Se ha comido a la Corte Suprema de Justicia, se ha comido al Tribunal Constitucional, se ha comido al conjunto de la judicatura y ha seguido con el Ministerio Público. Hace rato se comió a la Contraloría (fue uno de sus primeros bocados) y no logra saciar su apetito. Delante de su inmensa e insaciable panza tiene el menú en el que ha ido marcando todos los platos devorados y está toda la variedad: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Control Constitucional, administración de justicia, una buena parte de las administraciones regionales -a las otras les está preparando condimento para saborearlas mejor-, y se está tragando la asociación de municipalidades. ¡Ya se comió a cinco alcaldes elegidos por voto popular!
Pero le faltaba el postre. Algo especial, algo digno de satisfacer a tan enorme e insaciable panza: el Tribunal Supremo Electoral. Los otros, la anterior Corte electoral, eran ladrones y robaban diputados del oficialismo, Evo dixit. Y para que no quede duda de que es él, Pacman, el dueño del postre incluye la guinda de adorno: el Presidente del Tribunal Supremo Electoral es el que va en representación de Evo Morales.
Pacman devora todo. Y mientras más come, más hambre tiene… ¿cuál será su próximo antojo?


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15/08/2010: ¿Milagros…?
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