24/08/2008
El proyecto cero…
Publicado en: El Deber, Los Tiempos, Correo del Sur e Internet
Uno de los elementos que debe ser analizado en una coyuntura como ésta, y a pesar de todos los discursos triunfalistas, es la imposibilidad básica de los adversarios para imponerse el uno al otro. Y digo, a pesar de los discursos, porque en tanto más difícil es la imposición real sobre el otro, más furibundo es el discurso. Las palabras, las formas, se comen a los hechos. Porque los únicos hechos que se dan son los típicos de la desagregación, del desorden, de la ausencia de dirección y de proyecto. Según el clima, los estados de ánimo y las circunstancias inmediatas, se lanza lo primero que viene a la boca… o a los pies.
El Presidente puede decir que ya está aprobada su “constitución”, el ministro puede lanzar el soberbio disparate de que se está gestando un golpe como el de Banzer en 1971 -¿tan mal alumno fue en la Escuela de las Américas, señor Quintana?-; el prefecto, en discutible oratoria, puede exigir el mando de la Policía, unos changos belicosos pueden agarrar a patadas a un comandante (¡al que se portó mejor en el famoso enero de Cochabamba!) y, para colmo de los colmos, unos dirigentes cívicos pueden tener la peregrina idea que lo mejor para combatir al gobierno… ¡es no mandar carne a la Paz, Oruro y Potosí!
Estoy absolutamente convencido de que más allá de un diseño de poder, el gobierno carece de proyecto. La permanencia indefinida en la Presidencia puede ser un plan más que interesante para Evo y sus muchachos, ¡pero no es un proyecto de país! Y cada vez tengo más sospechas de que, más allá de las afirmaciones de trinchera, las regiones no logran concretar su autonomía en términos de proyecto histórico. Porque debo asumir –por seriedad analítica- que las autonomías no se concretan sólo por una voluntad mayoritaria, sino por la posibilidad de traducirse en una institucionalidad funcional y en una economía con sostenibilidad propia.
Y es que es muy difícil que las sociedades desagregadas protagonicen partos hermosos. No es su característica. Producen divisiones, confrontación, diferencias, pero ni siquiera llegan a producir guerras en serio. Un hecho aquí, una anécdota allí, patadas que van y vienen y reacciones de acuerdo al bando: si las patadas son a una diputada, son patadas patrióticas. Si son al comandante, son arteras y oligárquicas. Si el bloqueo es de los cívicos es parte de la conspiración y si es de los indígenas, es parte de la gran lucha de los pueblos por su liberación,.. ¡según el color del cristal con que se mire!
Y en tanto no hay proyecto, no hay dirección ni estrategia: hay forcejeo. Evo Morales va a hacer lo único que tiene que hacer: tratar de imponer su “constitución”. Es su instrumento de supervivencia, ¡es su nuevo cato de coca! No sé qué harán las regiones, porque hasta ahora, sus dirigencias se la han pasado en idas y venidas. Supongo que habrán escarmentado de su paso atrás y su admisión del referéndum y asumo que no volverán a pensar en huelgas de hambre y bloqueos de autoflagelación inexplicable.
Como siempre he pensado que la guerra es algo muy serio -“un asunto tan serio que no hay que confiárselo a los militares”, decía Clemenceau-, no creo que estemos en vísperas de guerra. Insisto en mi convicción de que, independientemente de urnas truchas, ninguno de los adversarios tiene la posibilidad de imponerse al otro. Si alguno de ellos se equivoca en su autovaloración, va a pagar precios muy caros. Y si yo me equivoco en la mía, y hay guerra de verdad... ¡estamos jodidos!
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17/08/2008
¡Faltaba Tuto…!
Publicado en: El Deber, Los Tiempos, Correo del Sur e Internet
Evo Morales tenía muchísimas razones para festejar el domingo pasado. Pero fue muy injusto y cometió un grave pecado de ingratitud: no invitó al balcón, ni estuvo junto a él en el festejo, el que había sido comadrona de ese triunfo: Jorge Tuto Quiroga. Y desde luego, mucho más derecho a estar en el balcón que don Antonio Peredo, tenía Oscar Ortiz, que había defendido a capa y espada la sesión del Senado del aquel 8 de mayo, a pesar de los pedidos que le hacía, desde Tarija, Mario Cossío, “¡nos están jodiendo, hermano!”
Y tenían razón Rubén Costas y los prefectos ratificados, al evitar que los senadores de Podemos, titulares indiscutibles de la impostura, estuvieran presentes en las tarimas de festejo, como intentaron hacer con ocasión de los referendos departamentales, en los que aparecían llenos de sonrisas, como si estuvieran identificados con las regiones.
Los actores de política, en Bolivia, no se sienten obligados a dar explicaciones. Y si algo que hoy debería exigírsele a Tuto y su comparsa, es esa explicación. En verdad, Tuto no está muy acostumbrado a ello: se crió como pichón del nuevo Banzer -¿quién lo conocía antes en política?-, traicionó a su partido en una elección general, ADN sacó apenas el tres por ciento y él, jefe de partido y conductor del ridículo, no tuvo la decencia de irse a su casa; se paseó por todas las cocinas buscando restos de comida y, creyéndose Chef, preparó esa croqueta incomible que es Podemos.
Cada día estoy más convencido de que Podemos ya es parte del nuevo proyecto autoritario. Porque a nadie le puede caber ninguna duda de que el gobierno cometería la mayor de las imbecilidades si no aprovechara los resultados obtenidos. Para comenzar, se viene la ofensiva de la nueva Constitución -léase reelección-, con una base popular absolutamente indiscutible. Las regiones no logran diseñar una estrategia sólida, perdieron la oportunidad de la victoria –mayo, junio-, se inclinaron a la tentación de una votación sorpresa contra Evo, asumieron medidas inútiles -huelgas de hambre o paros cívicos-, y están construyendo un escenario de riesgo incalculable: que las autonomías dejen de ser proyecto, para reducirse a trinchera. Y es más que probable que el gobierno vea en el Congreso el mejor escenario para redactar los términos de la nueva Constitución: le basta el pacto con el Senado, y más de una nostalgia autoritaria en las filas de Podemos... ¿la sombra de Banzer?
Hoy ya no importan los gritos y las quejas por el fraude. Claro que lo hubo, estúpido, vulgar e innecesario, porque el gobierno no tenía idea de que podía ganar sin acudir a fraude ni a exenidades (trad: obscenidades electorales). Y así como Pando y Chuquisaca ya tienen mayorías que apoyan a Evo, Santa Cruz, la principal trinchera autonómica, tiene que asumir el casi cuarenta por ciento de masistas. No es el cuadro ideal para las oposiciones regionales -aunque tampoco las regiones son paso de parada para el gobierno-, pero, por el momento por lo menos, están obligadas a las tareas de reorganización y de defensa.
En esa perspectiva, hay que reconocer con dolorosa honradez, el instinto de los senadores de Podemos. Han apuntado, como bichos primarios, a su supervivencia. Es obvio que nadie les puede otorgar certificado de certidumbre porque en política sirves mientras eres necesario... ¡después al basurero! Entretanto, asumamos que Tuto y los suyos, sin importar la causa, seguirán haciendo los méritos necesarios para estar, la próxima vez, ¡en el balcón!
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