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Uno de los analistas de mayor prestigio en Bolivia. Abogado, Politólogo, con una trayectoria académica impecable (Profesor Titular de la UNAM, México, Investigador en FLACSO, Santiago de Chile), y con varios textos publicados, tanto en el ámbito académico como el del periodismo. Nacido en Sucre, Bolivia, en 1939, es un convencido de que siempre hay poco lugar para el arrepentimiento y mucho espacio para la defensa de la libertad. Ha vivido exilios, persecución y cárcel. En 1980, estuvo internado en el campo de concentración de Puerto Cavinas (Beni), bajo la dictadura de Luis García Meza.
Durante años, ha sido uno de los referentes de opinión más importantes en la televisión, conocido y admirado por la contundencia de sus comentarios, la claridad de sus análisis y el tono implacable de sus críticas. Generó gran incomodidad en los círculos del actual régimen boliviano y su programa, “Momento de Opinión” fue suprimido.
Hoy mantiene su columna semanal “'Entre paréntesis”, y sigue sosteniendo, tercamente, que la opinión es lo único que ningún proyecto totalitario puede eliminar definitivamente. Personalidad que disfruta su independencia, no obedece a grupos ni a consignas. Grita su libertad en cada uno de sus artículos y es, sin duda, uno de los columnistas más esperados cada semana.
“Si no arriesga mi compromiso con la democracia y la libertad” fue su respuesta a nuestra solicitud de su colaboración escrita. Nos sentimos orgullosos de publicar sus páginas.
InterAmerican Democratic Institute

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28/06/2009
Los Ayatollah…
Publicado en: El Deber, Los Tiempos, Correo del Sur e Internet
Son muchos millones, en Irán, los que quieren progreso. Hosein Musavi, que ha comunicado que está listo para el martirio, es sólo la cabeza visible de las multitudes que todos los días salen a las calles a enfrentar a las unidades antidisturbios y a los grupos de choque del régimen. Sólo piden reformas. Quieren un Irán más moderno, así de sencillo. Exigen que la gente se exprese en un voto libre, transparente y sin la piedra de sospecha de un enorme fraude.
Al mundo, y especialmente a las sociedades ignorantes, se les vendió la falsa mercancía de un régimen revolucionario en Irán. Cuando Mahmud Ahmadinejad llegó a América Latina, sus nuevos amigos, Hugo Chávez y Evo Morales, lo presentaron como uno de los símbolos mundiales de la revolución, ¡ésa era la razón de su fraternal amistad! Asombrosamente, comenzando por el propio Evo, presumieron que se trataba de un régimen de izquierda, de orientación social y de visión progresista. Tenían que hacerlo, porque en ellos, en estos personajes de la nueva política “bolivariana”, hay mucho de Ayatollah.
Filosóficamente, son primarios. Como todo régimen teocrático, no hay otra verdad que la que Dios expresa a través de sus portavoces, es decir, a través del régimen. Ultraconservadores y reaccionarios. No hay nada que se pueda discutir y menos las ideas de progreso. El trato a la mujer es denigrante y temas como el de la homosexualidad merecen el infierno. Pero políticamente son implacables, porque cualquier oposición, cualquier disidencia es maldita.
Son regímenes -los de los Ayatollah- incapaces de mirar hacia adelante. Una de sus características -no biológica, sino ideológica-, es que tienen los ojos en la nuca. Siempre nos están contando lo que fue y la necesidad de volver a aquellas raíces, a aquellas fuentes, de las que surgieron supuestas grandes culturas y que fueron desvirtuadas y atropelladas por invasores coloniales. No es raro que se rodeen de imágenes y símbolos que pretenden ser la demostración del rescate de lo originario.
Y siempre hay un enemigo externo culpable de lo que pasa. Para el líder supremo iraní, Alí Jamenei, detrás de las manifestaciones populares están los ingleses, Estados Unidos y, ¡como no!, el opositor Musavi se convierte en un instrumento de la CIA… ¿No les suena familiar la cancioncita?
Porque son regímenes que siempre necesitan de un enemigo. No es difícil para la historia iraní encontrar los antecedentes suficientes para la satanización de Estados Unidos, menos después de todos los méritos que han acumulado los gringos para ser satanizados. No es raro que los Ayatollah, en versión criolla y específicamente latinoamericana, estén buscando permanentemente un enemigo. Si alguien, con paciencia y ganas de perder tiempo, escuchó los discursos de la última reunión del ALBA, pudo comprobarlo: están repletos de enemigos y todas sus referencias son de pasado, ninguna de futuro. No es raro que el Ayatollah más mencionado y respetado en la reunión, sea Fidel Castro.
Porque, además, nadie puede discutir su liderazgo. Mussolini era un enviado de los césares para reimplantar el imperio romano. Y cuando se escucha a Chávez hay que asumir que el mismísimo Simón Bolívar le entregó su espada antes de morir, y Evo resulta una suerte de reencarnación de Manco Kápac… ¿qué otra razón para que Orinoca, su lugar de nacimiento, sea monumento nacional? Se consideran intocables, invulnerables y eternos. Hasta que aparece un Musavi y millones se rebelan.
Hay que seguir lo de Irán… ¡se aprende un montón!
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21/06/2009
Confianza...
Publicado en: El Deber, Los Tiempos, Correo del Sur e Internet
Ni me corresponde, ni pretendo extender certificados de moral. Pero nadie me puede quitar la posibilidad de confiar o desconfiar, asumiendo integralmente el riesgo de equivocación. Y, asumido ese riesgo, confieso que confío en la actual Corte Nacional Electoral. Presumo que debe estar sometida a presiones sin límite y tengo claro que el gobierno de don Evo Morales hubiera preferido mantener a sirvientes como Exeni. Es obvio que prefiere el padrón adulterado y han sido burdas y confesas las maniobras para evitar la implantación del padrón biométrico. Aprobación de leyes a velocidad de Fórmula 1, elaboración de escenarios de “padrón mixto” -¿cuándo no, don Charly Börth?-, admoniciones vicepresidenciales sobre “el cumplimiento del mandato popular el 6 de diciembre”, han sido manifestación casi cínica de su temor a un nuevo padrón.
Grave error, porque en las filas del oficialismo no deberían tener ninguna duda respecto al triunfo de Evo Morales en la próxima elección. Al contrario, dada la actual correlación de fuerzas en el país, deberían insistir en un padrón impecable, para que su triunfo sea indiscutible. Que me perdonen las quince, veinte, o treinta candidaturas de oposición -o de supuesta oposición-, pero ninguna tiene la posibilidad de enfrentar razonablemente al liderazgo nacional del actual Presidente, y ninguna tiene la posibilidad de convertirse en alternativa nacional. Que me guste o no, es otra cosa.
Y es que lo primero que me importa en una elección es saber si mi voto cuenta. Y si logro que eso no dependa del gobierno sino de un órgano independiente, celoso de su institucionalidad, no he ganado sólo yo, ¡ha ganado la democracia! Tengo que suponer que si la actual Corte, para efectuar una adjudicación como la del padrón biométrico, acude a gente honrada, que ha sido símbolo de honorabilidad y conocimiento, como don Iván Guzmán de Rojas, no nos está engañando. Porque estamos hablando de nombres y de gente que fueron los que superaron la nefasta época en la que la Corte Electoral recibió el consagratorio apodo de “la banda de los cuatro”. Nombres que recuperaron institucionalidad pero, sobre todo, ¡lograron el milagro de la confianza!
Los sistemas electorales funcionan como los bancos. Para hacer un depósito, ningún empleado tiene que abrir las bóvedas y mostrar los billetes. Se deposita, porque se confía. Si no hay confianza, no hay depósito, o no hay votos. Y cuando no hay votos, hay que inventarlos, llenando urnas, resucitando muertos, boleteando cédulas de identidad en las oficinas del partido de gobierno, duplicando, triplicando o quintuplicando identidades, abriendo el Registro Civil a los oficiales venezolanos, impidiendo campañas con sus grupos de choque, utilizando conscriptos del ejército para llenar papeletas de voto, amedrentando a los posibles votantes de oposición, castigando físicamente a los que se opusieron, robando urnas donde suponen que perdieron, etc., etc., etc...
Estoy haciendo un depósito de confianza en la Corte Nacional Electoral. En sus medidas, en sus adjudicaciones, en su calendario, en la probidad de sus componentes y de sus asesores. No estoy apostando a un resultado electoral, sino a la validez de mi voto. Es obvio que estoy emplazando a la respuesta a mi confianza. Si me equivoco, esta columna será la constancia de mi error... y la Corte Nacional Electoral podrá extenderme, con toda la razón del mundo, el certificado de imbécil de solemnidad.
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